top of page

2.3 Prólogo del Cardenal

REINHARD MARX

Miembro del G9 del Consejo de Cardenales, Presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea,

Presidente de la Conferenia Episcopal Alemana

y Arzobispo de München y Freising

PRÓLOGO

Objetivo de una economía social de mercado

 

La publicación de este texto se produce en un período convulso. En el momento de redactar estas líneas, y a pesar de la existencia de algunos indicios esperanzadores tras las últimas cumbres de la Unión Europea y la Eurozona, nadie puede predecir el rumbo que emprenderá la Unión Europea, ni si podrá responder con solidaridad y responsabilidad a los desafíos que se le plantean.

 

No cabe duda de que, en los últimos años, la Unión Europea se ha visto inmersa en el período de los procesos internos más intensos desde su fundación. Incluso en la actualidad, no parece divisarse un final en el horizonte. Tras la grave crisis bancaria y financiera, que en 2008 afectó primero a los Estados Unidos y posteriormente se extendió a otros países y continentes, a principios de 2010 comenzaron a surgir dudas en el seno de la comunidad financiera internacional respecto a la solvencia de algunos Estados de la Eurozona. Los niveles de la deuda nacional se habían disparado hasta cotas insostenibles en relación con los resultados económicos, de manera que dejó de ser posible su reembolso en buena y debida forma fuera de sus propios recursos. Lo que en un principio sólo había afectado a determinados Estados de la Eurozona acabó por expandirse posteriormente a casi todos los demás. Por ello, resulta indispensable hoy día adoptar una serie de medidas comunes y decisivas que permitan evitar que se dañen los cimientos del orden de paz europeo establecido, aunque ello conlleve una serie de concesiones y sacrificios por parte de todos nosotros.

 

El desplome de la Eurozona tendría una serie de efectos considerables en toda la Unión Europea. Un motivo muy importante para la introducción del euro fue evitar que se produjera una espiral devaluatoria de las monedas nacionales dentro del Mercado Común. Por lo tanto, a largo plazo la disolución de la unión monetaria acabaría socavando los logros del Mercado Común, que, desde la firma del Tratado de Roma de 1957, ha constituido el corazón del proceso de integración. ¡No podemos dejar que ese corazón deje de latir!

 

El a menudo despreciado Mercado Común Europeo contribuyó de forma decisiva en el pasado a mantener la paz en las naciones de un continente saqueado por la guerra y a que sus ciudadanos disfrutaran de libertad y prosperidad. Sin embargo, actualmente no podemos dejar que el proceso de integración europea se quede estancado: el Mercado Común Europeo debe seguir desarrollándose. Este es por tanto el objetivo que persigue la presente declaración de los obispos de la COMECE. En nuestra declaración, que constituye nuestra contribución al debate público, proponemos hacer que el Mercado Común, evolucione con arreglo al concepto de una economía social de mercado que permita a la Unión Europea convertirse por sí misma en una comunidad viable de solidaridad y responsabilidad.

 

Desde esta perspectiva y de cara a la crisis europea actual, es importante y primordial reafirmar los fundamentos culturales del concepto de la economía social de mercado. Se trata de algo más que un simple modelo económico. Está basada en los fundamentos filosóficos y jurídicos de la antigüedad grecorromana y cimentada en la teología bíblica. Vincula la libertad del mercado al principio de justicia y al mandamiento de amar al prójimo. Estos fundamentos culturales y antropológicos se recuerdan y resumen en la primera sección de la declaración.

 

A continuación, se describen cuatro características esenciales de la economía social de mercado europea, haciendo hincapié en la importancia de las iniciativas libres y voluntarias para promover un bienestar que posibilite el proceso de cohesión social. Las iniciativas libres con un objetivo social de la economía social de mercado europea merecen un mayor respaldo y un mejor marco legal con arreglo a su especificidad. En segundo lugar, se reivindica que una economía social de mercado debe ser eficiente desde el punto de vista económico, es decir, competitiva, para poder imponer los impuestos y contribuciones para reducir la deuda y financiar el gasto en curso. No obstante, el mercado europeo precisa no sólo de reglas, especialmente en el sector financiero, sino también de la adopción de una serie de medidas basadas en la virtud por parte de todos los participantes del mercado, empezando por el empresario y llegando hasta el consumidor. Se trata de una cuestión de política reguladora («Ordnungspolitik») y de una ética institucional, además de la moral y la virtud.

 

La tercera característica de la economía social de mercado europea es su política social. Con arreglo a los principios de solidaridad y subsidiariedad, todas las personas con necesidades en la Unión Europea deben recibir protección social y una garantía de justicia participatoria. Nuestros jóvenes tienen derecho a recibir una formación y una educación de calidad. La familia debe valorarse como una fuente de vida desde la que fomentar el aumento de la solidaridad y la responsabilidad, debiendo respaldarse en consecuencia. Además, al menos en el caso de los Estados que forman parte de la unión monetaria y de los que tienen previsto dar este paso, actualmente existe el desafío concreto de ampliar la convergencia de los servicios sociales.

 

Por último, la economía social de mercado europea debe ser ecológica. La redefinición de nuestra relación con la naturaleza y la instauración de una cultura de „moderación” constituyen, para nosotros los europeos, una condición esencial para poder interactuar con los recursos naturales y luchar contra las consecuencias del cambio climático. La Unión Europea debería mantener su rol de portadora de la integridad de la creación dentro de los comités internacionales. Por una cuestión de principios, no debe limitarse a sí misma, en su calidad de comunidad de solidaridad y responsabilidad, a determinar su política dentro de sus propias fronteras, sino que también debe desempeñar un papel activo a nivel mundial y cumplir las obligaciones y promesas realizadas.

 

Para elaborar la presente declaración, nos hemos inspirado sobre todo en los documentos de la enseñanza social de la Iglesia. Sobre todo, los textos del Concilio Vaticano II, que se inició hace casi cincuenta años, y las Encíclicas Sociales de los Papas tienen una importancia fundamental. Asimismo, nos hemos basado en numerosos informes de las conferencias episcopales y las declaraciones anteriores de la COMECE. Por último, el Papa Benedicto XVI, con su encíclica Caritas in veritate, ha dado un nuevo impulso, orientándonos en nuestro análisis del concepto de economía social de mercado para la Unión Europea. Por ello expresamos nuestra gratitud al Santo Padre.

 

Con la presente declaración, confiamos en promover el debate, lo cual es importante para nosotros. Hemos complementado nuestra descripción de las cuatro características de la economía social de mercado europea con propuestas y preguntas concretas. Nos hemos atrevido a hacerlo en pos de un debate animado. En sí misma, esta declaración es además una expresión de nuestra solidaridad y responsabilidad para con Europa. Puesto que Europa debe ser una »contribución para un mundo mejor« (Jean Monnet).

 

  • Facebook Black Round
  • Google+ Black Round

© 2015 por Roberto García González. Creado orgullosamente por medio de Wix.com

Tel: (0043) 51259463  ext. 601

bottom of page